Anna llegó corriendo a casa, no quería seguir escuchando más
insultos hacia su persona y a la de su padre. Él, aunque llegará tarde a casa y
no se acordará ni de su nombre, era su padre; y su única familia. Grito un “hola?”
al llegar a casa. No obtuvo respuesta. Suspiro aliviada. Fue directa a la
cocina, tenía muy poca hambre. Comió un trozo de pizza y subió de inmediato a
su habitación. Su habitación, su refugio. Allí podia aislarse del mundo. Las
paredes estaban cubiertas de fotografías tomadas por ella. Era su afición.
Recordaba cuando a los 6 años, su madre le regaló una cámara de esas gigantes
adaptadas para niños de aquella entonces,su edad. Su madre… cuánto la
extrañaba! Era la mujer más tierna y bella que había podido existir.
Desgraciadamente, murió cuando Anna solo tenía 10 años. En aquella época, Anna
sufría el acoso escolar que sufre ahora. Su madre, Laureen, solía decirle “Anna
cariño, tú puedes hacerlo, puedes hacerlo” y le daba un cálido abrazo. Anna se
secó las lagrimas con la manga de su camiseta. Su vida dio un giro de 180º
desde entonces. Al acabar de estudiar, decidió ponerse a leer un libro. Los
juegos del hambre. “Lastima que Peeta sea solo ficticio”. Ella jamás había besado
a un chico. Una vez se enamoró,
pero Sandy se enteró y la puso en
rídiculo. Soltó en libro. Escucho un sonido que provenía de la planta baja.Era
solo su padre, acababa de llegar. Anna bajó las escaleras y un fuerte olor a
alcohol impregno sus fosas nasales.
-Papá, has vuelto a beber?
Como respuesta obtuvo una bofetada de su padre en la cara.
-Cállate Anna, deja a tu padre en paz de una puñetera vez.
Las lagrimas amenazaban con salir, pero no podía llorar.
Debía de mantenerse fuerte.
Se dio una ducha y se fue a dormir. Cerró los ojos.
“Anna cariño, tú puedes hacerlo,puedes hacerlo”. Aquellas palabras se repetian en su mente una
y otra vez.
¿De verdad iba a ser capaz de hacerlo?
¿De verdad iba a ser capaz de hacerlo?