Contempló el rostro de Bradley. Decidió continuar su camino
cuando oyó que alguien pronunciaba su nombre.
-Escúchame, por el bien de tu amiga la pelirroja, no te
vuelvas a acercar a ella. Ya sabes lo que puede pasar.- dijo Sandy con un tono
que no le hizo ni chispa de gracia a Anna.- Hazlo, o os enfrentaréis a las
consecuencias.
Anna no tenía palabras para describir lo que sentía en aquel
momento. Tenía la garganta seca y los ojos llorosos. Brad llegó corriendo hacia
ella, pero Anna rápidamente ya se había secado los ojos.
-Princesa ! – Anna no pudo evitar sonreír ante las palabras
de Brad, siempre le hacían sentir bien – supongo que piensas que a qué se deben
estás rosas – prosiguió mientras agachaba la cabeza y se rascaba el cuello – yo
quería preguntarte si vendrías al baile de Halloween conmigo.
-Vale- contestó Anna débilmente.
-Si dices que no, lo entenderé… ¿QUÉ ? ¿ He oído un sí ? – Brad la
abrazó y le dijo que la esperaría el viernes a las 20:00 en la puerta de su
casa.
La cabeza de Anna estaba llena de dudas. ¿Por qué le había
dicho que sí? ¿Qué significaba aquello del cuerpo? ¿No debía hablar más con
Ruby? Negó con la cabeza. No iba a dejar de estar Ruby, por una vez tenía
alguien. Estos últimos meses llenos de recuerdos y diversión… no iba a permitir
que nadie se los arrebatara. Pero en ese momento recordó que hacía días que su
padre no venía a casa. Cada día era peor. No entendía porque la vida era tan
cruel. “Siempre nos quita lo que más apreciamos” pensó Anna. Sandy quería
quitarle la mínima parte de felicidad que había en su vida. En su habitación, había un silencio sepulcral.
“But I'm only human and I bleed when I fall down.
I'm only human and I crush and I break down.
Your words in my head, knives in my heart,
you build me up and then I fall apart 'cause I'm only human.”
I'm only human and I crush and I break down.
Your words in my head, knives in my heart,
you build me up and then I fall apart 'cause I'm only human.”
Aquello salió desde lo más profundo de su corazón. Quizás
nadie se había dado cuenta, pero ella también era humana. Ella era alguien más.
Tenía derecho a ser feliz y hacer lo que quisiera. Tenía derecho a respirar sin
miedo a que alguien le quitara el aire. Sin querer, las lagrimas se habían
acumulado en sus ojos. Quería hacerlo, de verdad quería hacerlo. Anna quería
demostrar al mundo que era una humana. De pronto, sonaron unos golpes en la puerta
de su casa, seguido de una voz masculina. Bajó corriendo a ver quién era. Al mirar por la mirilla no divisó a
nadie en la puerta. La abrió y miró para los lados. No había nada. Entonces,
cuando iba a cerrar la puerta se percató de un pequeño joyero en el suelo. Lo
cogió y lo abrió. Era una gargantilla de cuero con dos colgantes, un ala y una
llave.
¿Qué quería decir aquello? ¿Quién había dejado eso allí?
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